De la ausencia a la memoria viva.
Cómo empezó
The Synagogue Project nació en las calles de Europa. En una ciudad tras otra, los lugares donde se alzaban grandes sinagogas están señalados, como mucho, por una pequeña placa en una pared o un trozo de césped entre bloques de viviendas. Muchas de esas placas están desgastadas u olvidadas, y algunas han sido pintadas con grafitis. A menudo no queda nada que indique que allí vivió una comunidad judía durante cientos de años.
Detenerse ante esas placas es una experiencia sobrecogedora. Registran un final, no una vida. Las comunidades que construyeron estas sinagogas, que rezaron y estudiaron en ellas, se casaron en ellas y criaron a sus hijos a su alrededor, han desaparecido, y en la mayoría de estas ciudades ya no queda nadie que las recuerde por su nombre.
De ahí nació en mí una convicción sencilla: estas comunidades merecen más que una placa. Su memoria debería continuar en un lugar donde pueda vivirse y no solo llorarse: un lugar donde los judíos puedan reunirse abiertamente y con seguridad, y donde sus sinagogas sean cuidadas en lugar de profanadas.
Lo que hago ahora
El primer trabajo es documental: identificar sinagogas destruidas de importancia, reunir historias fiables y preservar su legado arquitectónico en un único lugar accesible.
Cada entrada del catálogo reúne la historia del edificio, su arquitectura, las personas vinculadas a él, la historia de su destrucción y lo que hoy ocupa el lugar, con fuentes para cada dato. Siempre que es posible reúno fotografías, postales y planos, muchos de ellos compartidos por familias y archivos.
Lo que quiero construir
La ambición mayor es constructiva. Con el tiempo, The Synagogue Project aspira a apoyar reconstrucciones fieles en Israel: no como réplicas estáticas, sino como sinagogas vivas para comunidades que recen, se reúnan, aprendan y celebren en ellas.
Cada sinagoga reconstruida llevaría el nombre y la historia de la ciudad de la que procede. Las familias con raíces en esa comunidad podrían visitarla, y quienes recen allí sabrían de quién es la memoria que continúan. Una comunidad destruida en Europa tendría un hogar vivo en Israel.
La reconstrucción no puede deshacer la destrucción. Pero sí puede convertir la memoria en continuidad judía.

